La leyenda de la 3ª fecha de Bécquer

La leyenda de la 3ª fecha de Bécquer
Agosto 19, 2015 People

Toledo ofrece numerosas leyendas con las que enamorar y sorprender a nuestra pareja, o acabar de encandilar a esa persona tan especial con la que queremos compartir algo más que mesa en una terraza de verano.

Grandes personajes de la historia han pasado por la ciudad Imperial y se han quedado prendados de ella, de sus calles estrechas y milenarias, de sus rincones llenos de historia y secretos y sobre todo de sus historias. Uno de ellos fue el célebre Gustavo Adolfo Bécquer, autor y poeta del S. XIX, fiel defensor del romanticismo mas puro y narrador español de bellas historias que transportan al lector hasta tiempos olvidados y de otras dimensiones.

Toledo incluye entre sus mas conocidas leyendas una en el que el mítico poeta deja claro su pasión y romanticismo con un final como el que de casi todas sus obras, un final poco fructífero. Ésta es una de las leyendas del Toledo romántico mas desconocido.

Cuenta la leyenda que Bécquer paseaba por la plaza de Santo Domingo El Real cuando se percató de que por una de las ventanillas de una de las casa se asomaba y volvía a cerrar las cortinillas lo que parecía ser una bella joven. Al intentar percatar mejor Bécquer a la muchacha, ésta cerraba nuevamente la cortinilla ocultando su misterioso rostro. Ese mismo día apuntó en su cuaderno “la primera fecha”.

Entonces el poeta tuvo que salir por trabajo de Toledo, y en sus pensamientos se empezaban a dibujar como sería la bella mujer que se escondía detrás de las cortinillas de aquella ventana y que no dejaba que éste contemplase por alguna extraña razón.

Meses mas tarde Bécquer volvió a Toledo y al pasar por la misma plaza creyó ver como desde la misma ventana que ocultaba el rostro de lo que parecía ser una joven muchacha, una mano blanca le saludaba. El poeta espero ver si el suceso se volvía a repetir pero no volvió a pasar. En ese mismo día apuntó en su cuaderno una “segunda fecha”.

La joven y misteriosa dama de blanco que miraba desde una ventana al joven Bécquer

La joven y misteriosa dama de blanco que miraba desde una ventana al joven Bécquer

Bécquer volvió a tener que salir hacia Madrid, y cuando volvió a regresar a Toledo, pasó por el antiguo convento y empezó a escuchar una música de órgano y voces angelicales. Preguntó al mendigo de la puerta y éste le contesto que se trataba del acto de toma de hábito de una novicia toledana.

El poeta no lo pensó y entró dentro la iglesia donde ció como los sacerdotes preparaban el incienso, y como se dirigían hacia una oven novicia que se hallaba al fondo de la Iglesia. Vio el ritual de consagración de la vida a Dios, acto por el cuál la joven novicia tumbada boca-abajo era cubierta de flores mientras una bella y triste melodía ameniza el momento.

Cuando la muchacha, una vez acabado el acto y teniendo que pasar hacia el claustro, dejó ver su rostro, el poeta supo que él conocía a aquella mujer, y que aquella mano blanca era la misma que le saludó tiempo atrás desde aquella ventanilla. En ese mismo momento el poeta quisó gritar y cambiar el destino de aquella muchacha pero de repente la puerta del claustro se cerró para siempre quedando la vida de la muchacha entregada a Dios.

Bécquer salió del recinto y preguntando a una vieja quién era aquella muchacha, ésta le contestó que se trataba de una joven pérdida en la vida tras la muerte de sus padres, y que con su desesperación el deán de la Iglesia le ofreció entregar su vida a Dios. También le preguntó dónde vivía aquella joven novicia antes de coger el hábitó y la vieja le señalo la misma casa con la ventanilla desde la que Bécquer contempló como se abrían y cerraban aquellas cortinillas tan misteriosas.

A éste día se le conoció como “la tercera fecha de Bécquer”. Fecha que no quedó escrita en ningún sitio, sólo en el corazón oculto del poeta, lugar del que no se borraría jamás.

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